Tamaño
Qué tamaño de televisor comprar según la distancia al sofá
En la tienda te enseñan la pared. La pregunta correcta es otra: a qué distancia
te vas a sentar. Ese número, y no los metros del salón, decide las pulgadas.
Muévelo y lo ves
Todas las medidas habituales, dibujadas a escala sobre la misma pared de cuatro metros.
Mueve la distancia y se encienden las que encajan con tu sofá.
La regla, en dos multiplicaciones
Lo que percibes no son pulgadas, sino cuánto ocupa la pantalla dentro de tu campo de visión.
Por eso el estándar profesional se define en grados y no en tamaño. Traducido a algo
que puedas usar con una cinta métrica:
Distancia al sofá en centímetros × 0,24 para el mínimo.
Distancia al sofá en centímetros × 0,33 para el máximo.
El resultado son pulgadas de diagonal.
El primer número corresponde a la norma SMPTE, unos 30 grados, que es la referencia de las
salas comerciales y da una experiencia equilibrada. El segundo es la recomendación THX,
unos 40 grados, más envolvente. Entre ambos no hay una respuesta correcta: hay una preferencia.
La tabla completa
Las barras muestran el ancho real de la pantalla a escala, para que veas cuánta pared
ocupa cada opción.
Por qué casi todo el mundo se queda corto
La reacción normal al ver estos números es pensar que son una exageración. Lo parecen porque
llevamos décadas comprando televisores con criterio de mueble: que quepa en el hueco, que no
cante demasiado, que no parezca un despropósito cuando está apagado.
Pero el televisor está apagado la mayor parte del tiempo y encendido justo cuando lo estás
mirando. Optimizar para el momento en que no lo usas es el error de partida.
En la práctica, prácticamente nadie se arrepiente de haber elegido demasiado grande.
Lo contrario ocurre constantemente, y a las dos semanas, cuando el ojo se acostumbra.
El límite real no es el tamaño, es la señal
Existe un punto a partir del cual una pantalla sí es demasiado grande, pero no es el que
la gente imagina. Con contenido 4K bien codificado puedes acercarte mucho antes de empezar
a distinguir la estructura de píxeles: a las distancias normales de un salón español,
entre dos y cuatro metros, es prácticamente imposible pasarse.
El problema aparece con señal mala. La televisión convencional muy comprimida, el fútbol de
ciertas plataformas o un DVD antiguo revelan todos sus defectos cuando los amplías a
85 pulgadas. Si ves sobre todo televisión en abierto, ten en cuenta que una pantalla mayor
no mejora la imagen: la agranda, defectos incluidos.
Lo que cabe y lo que conviene son cosas distintas
Hasta ahora hemos hablado del sofá. Falta la pared, que impone su propio límite. Un televisor
de 85 pulgadas mide 1,88 metros de ancho, y encajarlo a presión en una pared de dos metros
deja un resultado agobiante, sin margen para nada más.
Como regla, deja al menos 15 centímetros libres a cada lado. Y si el televisor va sobre un
mueble, que el mueble sea más ancho que la pantalla: al ojo le molesta mucho un televisor
que desborda su base, aunque técnicamente aguante.
La altura importa tanto como la diagonal
El centro de la pantalla debe quedar a la altura de tus ojos cuando estás sentado, en torno
a 105 centímetros del suelo. Ese es el número, y es más constante de lo que parece porque
la altura de asiento de los sofás varía poco.
Colgarlo sobre la chimenea, que es lo que pide la decoración, obliga a mirar hacia arriba
durante horas. Castiga el cuello y, en muchos paneles, empeora el contraste porque los estás
viendo fuera de su ángulo óptimo.
Tres situaciones concretas
Salón pequeño, sofá a 2,5 metros. Tu rango va de 60 a 82 pulgadas. Un 65
es la compra sensata y un 75 sigue siendo perfectamente razonable si la pared da de sí.
Aquí el error típico es comprar un 55 porque parece lo normal.
Salón amplio, sofá a 4 metros. De 96 a 132 pulgadas. Y aquí llegamos al
punto interesante: por encima de 95 o 100 pulgadas el televisor se encarece muchísimo y
empieza a tener sentido plantearse un proyector. Es exactamente la frontera.
Dormitorio, cama a 3 metros. El cálculo dice de 72 a 99, pero en la cama
estás tumbado y con la pantalla más alta, así que baja un escalón respecto al salón.
Un 55 o un 65 suele ser lo cómodo.
Si dudas entre dos medidas
Coge la mayor, con una condición: que quepa en la pared con holgura y que el presupuesto no
te obligue a bajar de gama para conseguirla. Un panel peor en 75 pulgadas se ve peor que un
panel bueno en 65, todos los días del año.
Dicho de otro modo: primero decides el tamaño según la distancia, después ajustas la calidad
a lo que quede de presupuesto. Nunca al revés.
Y si tu caso no es un televisor
Cuando el rango se te va por encima de las 100 pulgadas y puedes oscurecer la sala, la
conversación cambia. Ahí conviene leer cuándo
un proyector es mala idea antes de dar el paso, porque hay cuatro situaciones en las que
vas a arrepentirte. Y si quieres el fundamento geométrico completo, con las dos normas
explicadas, está en distancia óptima de visionado.
Calcular con las medidas de mi salón