Antes de gastar

Cuándo un proyector es mala idea

El proyector es la compra con más arrepentimiento del cine en casa. No porque sean malos, sino porque se compran para salones donde no tienen sentido. Estas son las cuatro señales de que el tuyo es uno de ellos.

1. Ves deportes o televisión de día

Un proyector proyecta luz sobre una superficie que ya está iluminada por el sol. El contraste se hunde, los negros se vuelven grises y el partido se ve lavado. Un televisor moderno emite su propia luz y supera de largo la luz ambiente.

Si tu uso principal es el fútbol del domingo a las cuatro de la tarde, no hay proyector a ningún precio que te vaya a convencer. Esta es la regla más dura de todas.

2. Tu presupuesto total no llega a 1.200 €

El error de cálculo típico es comparar el precio del proyector con el del televisor. Pero un proyector necesita pantalla, soporte, cableado largo y, casi siempre, audio aparte, porque sus altavoces integrados son testimoniales.

De 1.200 € de presupuesto, al proyector le quedan unos 600 € después de pantalla, soporte, cables y sonido. En esa gama la decepción está casi garantizada.

Con ese mismo dinero, un televisor de 65 pulgadas decente y una barra de sonido dan un resultado mejor todos los días del año.

3. Tu diagonal óptima no pasa de 85 pulgadas

El tamaño que necesitas depende de la distancia a la que te sientas, no del salón. Si tu sofá está a menos de tres metros de la pantalla, la diagonal ideal se queda por debajo de las 85 pulgadas, y ahí el televisor gana en todo: brillo, sonido, comodidad y ausencia de mantenimiento.

La frontera real del proyector empieza donde el televisor se vuelve caro por tamaño, y hoy eso ocurre a partir de las 95 o 100 pulgadas.

4. No puedes taladrar o el techo es bajo

El montaje clásico cuelga el proyector del techo, detrás del sofá. Si vives de alquiler y no puedes hacer agujeros, o si el techo baja de 2,40 metros, ese montaje deja de ser viable: el aparato queda a la altura de la cabeza, con el ruido del ventilador al lado y el riesgo de golpes.

La alternativa es un proyector de tiro ultracorto sobre un mueble bajo la pantalla, pero es una categoría cara. Si el presupuesto no da, el televisor vuelve a ser la respuesta.

Y cuándo sí

Si puedes oscurecer la sala, te sientas a más de tres metros y medio, quieres más de 95 pulgadas y el presupuesto pasa de 2.000 €, el proyector da una experiencia que ningún televisor iguala. Ahí la escala compensa todos sus inconvenientes.

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